18.3.09

La Baena que queremos: sin malestar estomacal


Los últimos acontecimientos tienen a Baena cariacontecida.

La gente no comprende lo que pasa en el Ayuntamiento. Los mensajes llegan contradictorios desde los medios de comunicación, que cuentan la película como les conviene en función de los intereses a los que sirven. Sin duda la manipulación burda de la realidad y la transmisión de determinados mensajes se ha mostrado, en esta Baena tan familiar y conocida, tan de ir en zapatillas, de forma dura y grosera. Sin duda que con todo este alboroto hemos hecho una pequeña reflexión sobre lo creíble y lo increíble, sobre lo divino y lo humano, sobre los intereses de unos pocos o los intereses de todos.

De esta situación hemos sacado nuestras propias conclusiones que han contribuido a afirmarnos en nuestras pequeñas y mortales convicciones.

Pero no es eso lo que nos mantiene apesadumbrados, inquietos, con sensación de malestar estomacal e incómoda desazón. Al fin y al cabo no hemos confiado de forma especial en ese periodista o en aquél periódico. No nos hemos creado ninguna expectativa con ellos. Ni tan siquiera se nos ocurriría pedirles explicaciones por nada. Además, si no nos gustan, o lo hacen mal, siempre hay una opción: que compre y/o lea ese periódico su padre.

No. El caso es más complejo. Más íntimo y profundo. Nos toca más de cerca y afecta a nuestros intereses personales y a nuestra propia moralidad, a nuestra forma de ver la vida.
Así, lo que en estos días no dejamos de oír en Baena (y de sentir en la boca del estómago) es la incapacidad de muchos de nosotros para comprender la forma de actuar del Ayuntamiento en los casos de procedimientos judiciales abiertos. ¿Qué intereses defiende?, ¿por qué no ha actuado antes?, ¿por qué justifica públicamente a los imputados?, ¿por qué el ayuntamiento en lugar de intentar aclarar y depurar las posibles responsabilidades en el nivel que le compete se dedica a poner “el ventilador” de la mierda a ver a quien pilla (sin distinción de credo ni condición) en una clara maniobra de distracción?

A nadie le gusta contestar a estas preguntas. Son difíciles e incómodas. Para todos. Y el estómago comienza a quejarse. Entonces algún alma caritativa entra en escena e intenta poner un paño caliente a nuestro desasosiego: “- A mí me da igual eso del tema judicial, que tal y como está la prensa no sabes a qué atenerte. Lo que yo quiero es que estos que están ahí porque los he puesto yo me den una explicación de lo que están haciendo, que no entiendo “ná” y esta burra no es la que me vendieron".

A esto lo llamamos pedir “responsabilidad política”. Lo que se pide es que los que gobiernan respondan con su gestión ante su electorado, y claro está, ante todos a los que gobiernan. Deberíamos medir esta responsabilidad en función de si cumplen los objetivos que prometieron o de si efectivamente defienden los valores que nos pregonaron en el mercado electoral al pedirnos el voto.

Por tanto los baenenses podemos y debemos exigir al Ayuntamiento las responsabilidades políticas que creamos necesarias y convenientes, con independencia de las que pudieran corresponderle en caso de la violación de normas legales. Debemos exigir que el bien general se anteponga al bien particular.

Desgraciadamente no es esta la conducta que observamos hoy en el Ayuntamiento. No sabemos si con nuestro dinero se están contratando abogados para la institución o para los imputados. O si se pretende defender el "honor" particular de alguien o el nuestro, (que es el claramente afrentado). O lo que es peor, si lo que se está haciendo es defender los intereses de Baena o los de unos pocos particulares...y, claro, nos sentimos traicionados. Nuestra afección gástrica no es muy fuerte, pero es continuada. Hasta tal punto nos trastorna que incluso pensamos que "la culpa” de este desaguisado es nuestra por confiar en la clase política. Con desagrado concluimos que al fin y al cabo “todos son iguales”. Pero ni tan siquiera este veredicto nos aleja de esta sensación de zozobra estratégicamente localizada (maldita sea) en la boca del estómago. Quizá porque sabemos que esta conclusión no es justa y que sólo sirve para aliviar la “mala conciencia” de haber elegido al que sabemos que no está haciendo lo que debe. Pero esto no es así y tiene un fácil arreglo: no somos cautivos, ni vendemos nuestra alma al diablo. Nosotros no somos culpables de nada. Quizá, tal vez, de callar. Honestamente, nosotros, con nuestras dificultades para llegar a fin de mes y nuestros problemas cotidianos, con nuestros sueños y nuestras realidades, con nuestros amores y desamores, con nuestra sencillez o nuestra complejidad no debemos cargar con lo que no nos corresponde.

Existe un buen tratamiento de higiene democrática, contrastado clinicamente y que nos ayudará a remediar esta molesta sensación en el estómago: las responsabilidades las deben asumir quienes las tienen. Exijámoslas.

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